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Caso 3 Ana : ¿Auténtico mobbing?

Ana

Ana es una licenciada en Derecho, tiene 30 años de edad, y es de extracción social humilde. Durante la carrera, y debido a su desfavorable situación económica, fue ayudada por algunos de los profesores, quienes le facilitaron el acceso a becas universitarias.

Cuando se licenció, y también por el mismo motivo, disfrutó de discriminación positiva en la selección de un trabajo con un perfil de diplomado en Derecho. Allí estuvo a las órdenes de un jefe que nunca había causado problemas en ninguno de sus anteriores destinos. Inicialmente, Ana intentó ganarse la amistad de su jefe realizando trabajos y favores personales no incluidos en sus obligaciones. No obstante, cuando no realizaba adecuadamente sus funciones, era corregida por su superior de forma empática, igual que el resto de las compañeras. No obstante, ella vivía esta relación como una persecución sistemática.

Empezó a bajar el rendimiento laboral de forma que las recriminaciones de su jefe fueron frecuentes y se las arreglaba para que siempre hubiese testigos. A veces utilizaba sistemas sofisticados, como teléfonos de manos libres, para que los compañeros de despacho escuchasen las críticas de su jefe, el cual hablaba libremente porque pensaba que sólo conversaba con la afectada. Uno de los puntos clave fue la petición de baja por razones médicas justificadas (ya que padecía un trastorno orgánico crónico), de forma que las bajas laborales no las entregaba en la empresa, sino en el Gobierno Civil dentro del plazo requerido. Mientras la baja era enviada desde esta institución a la empresa (proceso que duraba varios días), el jefe la llamaba a casa para interrogarla sobre su ausencia del trabajo y ella se negaba a dar información, lo que producía críticas justificadas de su jefe que la paciente se preocupaba de generar ante testigos.

Ana escribió varias cartas a diferentes responsables de su empresa denunciando la situación de mobbing, pero nadie evaluó el problema. Acabó pidiendo una baja a su médico quien, por presión del paciente, certificó mobbing como diagnóstico de la baja. A partir de este momento, el diagnóstico erróneo (ya que no es una enfermedad médica) constó también en los expedientes de Instituto Nacional de la Segundad Social (INSS) y constituyó uno de los principales elementos probatorios esgrimidos en el juicio por la falsa víctima de mobbing.

Durante la baja, Ana denunció el tema demandando al jefe por vía penal y a la empresa por responsabilidad civil subsidiaria. Además, hizo propaganda de su problema en los periódicos y emisoras locales, así como en medios nacionales para «calentar el ambiente» a su favor antes del juicio.

El examen mental de Ana por parte del perito psiquiatra confirmó la existencia de un trastorno paranoíde que fue ratificado mediante la entrevista psiquiátrica estandarizada Schedule for Clinical Assesment in Neuropsychiatry (SCAN) y el test de personalidad Minnesota Multiphasic Personality Inventory II (MMPI-II). Por otra parte, existían antecedentes psiquiátricos paternos de trastorno delirante y antecedentes de la propia paciente de haber interpuesto otras denuncias previas en los años anteriores, también por motivos escasamente justificados. En el juicio se falló que no existían pruebas de la existencia de mobbing y se absolvió al jefe acusado.

Sin embargo el impacto de esta falsa acusación de mobbing en el jefe había sido tremendo; tuvo que ser ingresado en un servicio de psiquiatría por depresión con ideación suicida y estaba en trámite de invalidez.

Preguntas

¿Le parece que Ana está realmente sufriendo mobbing?

Los datos que se cuentan en el caso hacen sospechar que no es un caso de mobbing sino de «falso mobbing», es decir, de un individuo con rasgos paranoides que se siente acosado en situaciones laborales que son normales para gran parte de la población. En este caso, el diagnóstico se confirmó mediante la entrevista psiquiátrica y había antecedentes psiquiátricos familiares de paranoia.

¿Cuál sería el tratamiento de esta paciente?

Como cualquier otro caso de paranoia, el tratamiento de elección es el empleo de neurolépticos. En este caso, dada su juventud, se prefieren los atípleos como risperidona u olanzapina, por su menor efecto inductor a la enfermedad de Parkinson. La escasa conciencia de enfermedad de la paciente dificultará el cumplimiento del tratamiento y empeorará el pronóstico.

© Esteve 2013